Discriminación Parental Normalizada en la Crianza Mexicana
La discriminación parental hacia el tercer hijo es un fenómeno silencioso que ocurre en miles de hogares mexicanos. Lo que comienza como fatiga parental comprensible se transforma en un patrón de cuidado desigual que pocas familias reconocen abiertamente. El dicho popular lo resume con crudeza: “el primer hijo en cuna de oro, el segundo en charola de plata y el tercero ya puede comer tierra”.
El Tercer Hijo
Desde El Giro de la Rueda, presentamos este relato como una observación cotidiana que se transforma en reflexión ética. La escena es mínima, casi trivial, pero el fondo revela una jerarquía silenciosa que atraviesa muchas formas de crianza.
EL TERCER HIJO
Por Nicolás Sánchez Onofre.
Asistí a la firma de unos documentos en la escuela de mi hijo menor, después de sortear el infernal tráfico habitual de la mañana que existe en la ciudad y estacionar mi coche, llevé a mi niño a la entrada del centro educativo y luego me formé en la fila que ya habían hecho los padres de familia para ingresar a las instalaciones.
Fui como el numero 15 más o menos, detrás de mí llegó una señora, preguntando para que era la fila, a lo que respondí para la firma de unos documentos. Ella dijo, entonces creo que me toca, porque tengo tres hijos en esta escuela, uno en segundo grado, otro en cuarto y otro mas en sexto de primaria.
Para ese entonces, también llegaron mas padres de familias de modo que ya éramos mas de veinte personas esperando para pasar, faltaban algunos minutos para que nos dejaran ingresar, por lo que se empezó a realizar las pláticas y las anécdotas de todos los padres, claro todos con temas diferentes.
La señora madre de los tres niños, preguntó en que grado estaban nuestros hijos a otro padre de familia que estaba atrás de ella y a mí, entonces hicimos equipo para platicar mientras esperábamos indicaciones, total faltaban como 5 minutos o más para darnos el pase y esos tiempos se aprovechan para estar al día, o para enterarnos de cuestiones escolares.
La señora nos platicó que es muy complicado criar a los hijos, nos comentó de los enormes gastos que ejerce en la educación de los niños y más en el trabajo que tiene que realizar, revisar las tareas, preparar a los niños, hacer el lunch, bañarlos, darles de comer, etcétera, etc.
Después de estar platicando un rato el debate se centró en que sucede con los hijos de acuerdo al orden de nacimiento. Se habló de la importancia de los cuidados del hijo mayor, porque sucede que con el primer hijo todos los padres primerizos nos enfocamos en darle especial atención, en la educación, el vestido, la diversión, entre otros temas que resultan necesarias para el bienestar del niño.
Coincidimos en muchas cuestiones y entre risas y anécdota asentimos que era verdad la forma de convivir con el hijo primerizo. Para el segundo hijo los cuidados se vuelven un poco más relajado porque ya se tiene la experiencia de lo que ha sido con el primero.
Por eso, las parejas que tienen más de un hijo, aunque están estresados con los cuidados en algunos aspectos económicos la atención hacia ellos es un poco más relajados.
El tema está en el tercer hijo, ya que como lo rezan los dichos populares el primer hijo en cuna de oro, el segundo en charola de plata y el tercero ya puede comer tierra.
Y esto no está muy lejos de la realidad ya que, para el cuidado del tercero los padres asumen un papel de mucha pasividad, por la experiencia de los dos anteriores toman todo muy a la ligera.
Es más, muchos papás apuestan en que ya no les pasará nada como a los dos anteriores.
Una de las anécdotas que nos platicó la señora, es que un día, llevó a su segundo hijo al hospital porque tenía fiebre, pero nunca se percató que quien requería atención médica era el tercer niño, ya que tenía mucha tos, fiebre y escurrimiento nasal.
Pero ella se había enfocado mas en el segundo hijo, sin percatarse del padecimiento del tercero.
Considero que esto es un poco injusto porque como persona es una forma de discriminación parental. El hecho de que ya te valga el crecimiento de los hijos, no implica que no tengas una responsabilidad en su crianza.
Creo que todos debemos tener el mismo cuidado, y entiendo la parte de que ya uno se vuelva más relajado y es muy cansado y consiente muchas cosas con ellos, pero no creo que sea ético, decir que ya nos vale sus cuidados.
La escena no denuncia, pero expone. No acusa, pero incomoda. El tercer hijo aparece aquí no como metáfora, sino como síntoma: de la fatiga, del descuido normalizado, de una jerarquía afectiva que rara vez se reconoce.
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