El arte comunitario como herramienta de denuncia


Por Kino Balu

Material fotográfico: Luis Ramírez y Fredy García

Tres días. El centro de capacitación de la ex-Finca Alemania, en la sierra sur oaxaqueña. Comunidades que llegaron varios días antes para acondicionar el espacio con sus propias manos. Así fue el séptimo encuentro de teatro del Comité por la Defensa de los Derechos Indígenas (CODEDI): sin financiamiento estatal, sin programas institucionales de por medio, sostenido por el tequio y por la convicción de que el arte comunitario no necesita permiso para existir.

“Las comunidades son las que sacan adelante el encuentro y muchas veces lo hacen a través de tequio”, explicó Cristóbal Ramírez, integrante del CODEDI, al cerrar el balance del evento.

Soberanía y tequio. El trabajo colectivo en la cocina es el motor invisible que permite la existencia de un encuentro sin financiamiento estatal ni institucional.

“No hay un financiamiento específico para esto, no hay un dinero que el Estado o alguna dependencia financie el arte.”

La ausencia de patrocinios institucionales es la condición que define cómo este encuentro existe y cómo no existe. Este año, varios grupos que querían participar no pudieron llegar. El motivo fue el dinero, o su falta. El transporte hasta el centro tiene un costo que muchos colectivos no pueden cubrir porque, como señaló Cristóbal, “muchos de estos grupos no cuentan nunca con financiamiento ni con programas que fomenten el arte desde sus propias regiones”.

Aun así, los grupos que llegaron llenaron tres días de actividad. Oaxaca, Ciudad de México, Veracruz y Querétaro enviaron colectivos, talleristas y agrupaciones con sus propias historias organizativas y sus propias formas de intervenir desde lo escénico. Hubo teatro de títeres, monólogos, danza contemporánea, música de distintas regiones: sones de tarima, fandango, chilenas. Un acompañamiento de la memoria que se ejecuta en comunidad.

El teatro que se presenta en el encuentro CODEDI no es el que se ve en los recintos oficiales.

Hacer comunidad entre actividades. Una familia recorre el tendedero fotográfico que documenta la historia organizativa del CODEDI bajo la sombra de un mango en la ex-Finca Alemania.

“Aquí se manejan otros temas. Denuncia. Teatro comunitario, teatro de barrio.”

Los grupos que participan son, en su mayoría, colectivos que tampoco trabajan con lógicas gubernamentales. Lo que traen al escenario son historias que los teatros institucionales no programan.

Junto a las presentaciones escénicas, el encuentro abrió talleres dirigidos a niñas, niños y público en general: ejercicios que parten de lo cotidiano, propuestas que exploran el vínculo entre agua, cuerpo y territorio. También se realizó el seminario “Movimientos sociales, estrategias y alternativas en la defensa de los territorios”, en el que participaron diferentes comunidades y organizaciones. Y hubo algo más, algo que suele quedar fuera del encuadre cuando se habla de eventos culturales: los tiempos comunes. La comida, la conversación entre actividades, el descanso compartido. Esos momentos que no figuran en ningún programa pero que sostienen la posibilidad de hacer comunidad.

Los juegos tradicionales tuvieron un lugar central: baloncesto, fútbol, carreras de resistencia para hombres, mujeres y niños, canicas, papalote, trompo, tiro al blanco con resortera. No como actividades recreativas al margen del evento, sino como parte de su sentido. “Nos ayuda a las comunidades para recuperar estos juegos”, dice Cristóbal:

“lo que es el trompo, las canicas y los papalotes que ya se están perdiendo, tanto en las comunidades por la introducción de nuevas tecnologías, de esos jóvenes que tienen otras formas de divertirse y ya no utilizan esas formas tradicionales.”

La ex-Finca Alemania: territorio recuperado

La noche se hace comunidad. Sones, fandango y palabra compartida bajo el cielo de la Sierra Sur. El arte comunitario no solo denuncia, también celebra y estrecha lazos en los “tiempos comunes” del encuentro.

El espacio donde todo esto ocurre no es neutro. El 19 de abril de 2013, el CODEDI recuperó la ex-Finca Alemania y la convirtió en centro de capacitación autónomo. Desde entonces ofrece talleres de carpintería, panadería, medicina tradicional, serigrafía y mecánica, además de educación desde preescolar hasta secundaria. Es el mismo proyecto al que Cristóbal se refiere cuando dice que el encuentro “le da vida al proyecto educativo y autónomo que tenemos acá”. Un espacio recuperado, no concedido, que hace posible el tipo de encuentro que ahí ocurre.

Esa condición tiene historia. El CODEDI nació hace 27 años en Santiago Xánica con el propósito de defender los derechos de las comunidades indígenas de la sierra sur y costa oaxaqueña. El encuentro de teatro es una de las formas en que esa defensa se sostiene culturalmente, año con año, con los recursos que hay.

“Aquí es un espacio libre, un espacio donde puedes compartir, donde te puedes reír, donde puedes bailar sin que nadie te juzgue”, dijo Cristóbal Ramírez. Esa condición —la de ser un territorio propio— es lo que hace posible que el teatro de denuncia conviva con el trompo, que el seminario territorial comparta días con el fandango, que las organizaciones que llegaron de otros estados encuentren un punto de llegada real, no institucional.

Algunas organizaciones independientes, sin vínculos con instancias gubernamentales, también aportaron recursos para que el evento pudiera sostenerse. Pero el peso recayó, como en ediciones anteriores, sobre las comunidades participantes.

Territorio en juego. La resortera no es aquí una actividad recreativa al margen, sino una herramienta de identidad y resistencia generacional frente al mural que marca la autonomía del espacio.

El balance: las actividades salieron bien, sin incidentes, las comunidades quedaron más organizadas. Y también: fueron menos grupos que en las seis ediciones anteriores, la economía lo dificultó, el próximo año hay que planificarlo con más anticipación para que más colectivos encuentren la forma de llegar.

El séptimo encuentro de teatro CODEDI no cerró con una clausura. Hizo una pausa dentro de un proceso más largo: el de una organización que lleva 27 años sosteniendo autonomía comunitaria desde un territorio recuperado, con los recursos que tiene, que no son los que debería tener.

El octavo encuentro ya está en la mira…

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El Encuentro de teatro CODEDI alcanzó su séptima edición en la Sierra Sur de Oaxaca