Piñales, por Nicolás Sánchez Onofre

El Giro de la Rueda publica este relato como un ejercicio de memoria situada. Piñales recupera la infancia campesina desde la experiencia directa: el trabajo del campo, la convivencia familiar, el paisaje cotidiano y los ritmos de la tierra en la Costa de Oaxaca.

La narración íntima de Nicolás Sánchez presenta el territorio como un espacio vivido, trabajado y recordado. En tiempos donde el campo suele ser reducido a cifras, programas o discursos oficiales, este texto devuelve centralidad a la experiencia concreta.

Piñales

Por Onofre Nicolás Sánchez

Cuando era niño mis días se enfocaba al trabajo del campo y me gustaba realizar algunas actividades como cazar iguanas, armadillos o recolectar quelites, ir a la milpa, cosechar frutas, a limpiar la jamaica, recoger guapinoles para echarlas a la lumbre y también me gustaba ir a cortar leñas, pero unas de mis actividades favoritas era ir a cosechar piñas.

Mi papá tenía un huerto de tamaño mediano, más o menos como tres hectáreas localizado por el paraje o lugar denominado rio camote. Este huerto ha sido de mi familia por muchos años, ubicado en un pequeño pueblo llamado San Agustín Chayuco en la costa mexicana del Océano Pacífico, del estado de Oaxaca.

Los piñales de mi tierra crecen bajo los grandes arboles de guapinol y estos guapinoles suelen medir como 20 metros de altura, y bajo ellos a la sombra también la gente suele sembrar cafés o naranjas, u otros árboles frutales de menor tamaño que estos gigantes del campo.

A estas piñas se les conoce piña de sombra y tienen un tamaño menor a las frutas que se vende de manera comercial, crecen en las sombras y sus cosechas es en el mes de diciembre y en los meses de mayo y junio.

A mis hermanos y a mí nos gustaba ir allí todos los días, claro en los tiempos de cosecha después de la escuela, divirtiéndonos como correr por el huerto atrapando hermosas mariposas o saltando al río detrás del huerto.

Algunas veces mi tarea era traerle el almuerzo a mi papá y me gustaba mucho esta chambita ya que después del almuerzo mi padre rebanaba unas deliciosas piñas para disfrutar. Cuando rebanaba estas piñas, las ponía ya sea en el suelo lleno de hojas de guapinol de color café que suelen ser muy resbalosas, si uno lleva puesto un huarache y es terreno es de bajada, se puede uno resbalar con estas hojas, es por eso que siempre hay que tener cuidado al caminar por el huerto.

A veces rebanaba las piñas sobre un tronco y los jugos de esta fruta escurrían como riachuelos que surquean las montañas que atraían a las avispas o a las abejas,

Cuando es la temporada de mayores cosechas que son los meses de mayo y junio se pueden ver que el piñal estar lleno de oro amarillo escondido bajo los árboles esperando ser descubierta por alguna persona que busca tesoros. El aroma de piñas llena todo el pueblo, por eso se le conoce en toda la región como el pueblo de las piñas, para mí es un pueblo encantador ya que todavía tengo en mi mente esos hermosos lugares y creo que nunca podré olvidar.

Fin del relato

Nota editorial

Este relato dialoga con otras memorias campesinas que hoy se encuentran en riesgo de desaparecer, no solo por el paso del tiempo, sino por la transformación acelerada del territorio, la migración forzada y el abandono histórico del campo. Recordar no es un gesto nostálgico: es una forma de afirmar que estas vidas, estos trabajos y estos paisajes existen y han sostenido comunidades enteras.

Originario del municipio mixteco de San Agustín Chayuco, en la costa de Oaxaca.
Licenciado en Economía, Pasante de Derecho en la UNAM, y Maestro en Gestión Pública para la Buena Administración en la Escuela de Administración Pública de la Ciudad de México.

Onofre Nicolás Sánchez

San Agustín Chayuco, Oaxaca

Región: Costa de Oaxaca

Distrito: Jamiltepec

San Agustín Chayuco es una comunidad rural de la Costa oaxaqueña donde el trabajo del campo sigue marcando el ritmo de la vida cotidiana. Conocido como el “pueblo de las piñas”, el territorio refleja una economía agrícola sostenida por pequeñas parcelas, saberes locales y una relación directa con la tierra.

Lejos de los discursos oficiales sobre desarrollo rural, la producción de piña y otros frutos se sostiene en condiciones desiguales, con escaso acompañamiento institucional y una fuerte dependencia del esfuerzo comunitario. Aquí, la agricultura no es un dato estadístico, sino una forma de resistencia frente al abandono histórico del Estado.

Una parte significativa de la población es hablante de lengua mixteca, lo que da cuenta de la persistencia de los pueblos originarios en la región Costa de Oaxaca. La lengua, el trabajo agrícola y la organización local forman un entramado que enfrenta presiones económicas, migración forzada y precarización.

San Agustín Chayuco no es solo un punto en el mapa: es un territorio donde se disputa el derecho a permanecer, a producir y a nombrar el mundo desde la tierra que se cultiva.


Palabras clave: San Agustín Chayuco, pueblo de las piñas, Costa de Oaxaca, comunidades rurales de Oaxaca, agricultura campesina, pueblos originarios, lengua mixteca, abandono institucional, economía rural, territorio y resistencia


Suscríbete. Ingresa tu correo electrónico y recibir todas las actualizaciones.

Go back

Your message has been sent

Warning
Warning
Warning.
Módulo Podcast – El Giro de la Rueda
PODCAST

El Giro de la Rueda

Escucha las historias completas, narradas desde los territorios en conflicto y resistencia.

Escuchar ahora
El Giro de la Rueda Widget