El 25 de junio de 2026, el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca fue el espacio donde las mujeres mazatecas de Eloxochitlán de Flores Magón se reunieron con su propia memoria convertida en objeto impreso. El libro Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una Lucha Colectiva sin Fronteras no llegó solo a la sala: llegó con las compañeras adentro, con el olor a papel impreso, con los grabados bordados que ya habían viajado al Zócalo de Oaxaca, a la Casa del Tiempo de la UAM, a protestas y plantones.

Esta crónica de Sara Betanzos y Kino Balu registra ese momento: no la presentación de un libro sobre una lucha, sino el instante en que una lucha se convirtió en documento impreso y fue devuelta a quienes la sostienen. Una comunidad que llegó a esa noche con quince resoluciones judiciales favorables, catorce personas en el exilio y el río Xangá Ndá Ge —el ser de brazos generosos, en lengua Énná— todavía siendo extraído ilegalmente.

El grabado colectivo mazateca, las mantas bordadas durante las esperas judiciales y el libro editado con la Fundación Heinrich Böll son, juntos, la respuesta que el Estado no ha podido neutralizar con órdenes de aprehensión.


Mujeres Mazatecas por la Libertad: Gráfica contra el cacicazgo en Eloxochitlán El Giro de la Rueda



La presentación del libro reunió a las mujeres mazatecas que dieron origen al proyecto

Por Sara Betanzos y Kino Balu

Hay un tipo de libro que no se presenta: se acuerpa. El 25 de junio de 2026, en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, “Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una Lucha colectiva sin Fronteras” llegó a la sala con las compañeras mazatecas adentro: con su olor a papel impreso, con los grabados bordados que ya habían viajado al Zócalo de Oaxaca, a la Casa del Tiempo de la UAM, a protestas y plantones.

El libro no representaba la lucha: era una de sus formas. Y las mujeres de Eloxochitlán de Flores Magón que estuvieron esa noche —algunas de ellas perseguidas, algunas con años de exilio acumulados en el cuerpo— lo sabían antes de que nadie lo dijera.

Eso es lo que este texto registra: no la presentación de un libro sobre una lucha, sino el momento en que una lucha se convirtió en objeto impreso y fue devuelta a quienes la sostienen.

Un libro que nace en medio de una lucha jurídica aún abierta

La comunidad llegó a ese encuentro con dos victorias jurídicas recientes que no habían cerrado nada. El 20 de febrero de 2026, el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal de Oaxaca pronunció ocho palabras en el caso de Miguel Peralta Betanzos: “La justicia de la Unión ampara y protege.” El amparo 631/2022 desmanteló argumento por argumento una condena de cincuenta años —tentativa sin prueba, coautoría sin conducta demostrada, agravante que nadie formuló— pero devolvió el asunto a la misma Sala del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca que en 2022 había revocado su libertad.

El 19 de marzo de 2026, la Jueza Sexta de Distrito de Boca del Río concedió el amparo 941/2025: las 200 órdenes de aprehensión emitidas el 31 de marzo de 2025 contra 50 personas mazatecas carecían de sustento legal. Decimoquinta resolución favorable. La Segunda Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca no las había cancelado formalmente. El río Xangá Ndá Ge —en lengua Énná, el ser de brazos generosos— seguía siendo extraído. Catorce personas permanecían exiliadas. Eso era lo que la comunidad traía consigo esa noche en Oaxaca.

Las voces que hicieron posible la publicación del libro

resentación de Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras, realizada el 25 de junio de 2026 en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. El encuentro reunió a integrantes de la comunidad mazateca de Eloxochitlán de Flores Magón, artistas y defensoras de derechos humanos.

Sara Betanzos, integrante del colectivo Mazatecas por la Libertad y corresponsal de El Giro de la Rueda, condujo las entrevistas. Había tres mujeres para hablar: Minerva Ante —Mine Ante—, coordinadora del taller de gráfica La Cobaya de Fuego y artífice técnica del proyecto; Cynthia Martínez, directora del Centro Cultural Casa del Tiempo de la UAM y gestora de la primera gran exposición del archivo; y Dolores Rojas, coordinadora de programas socio-ambientales de la Fundación Heinrich Böll, que financió la edición. Tres mujeres, tres organismos, tres maneras de haberse encontrado con la misma lucha.

Mine Ante: el grabado como herramienta de organización comunitaria

Mine Ante llegó a las mazatecas por un plantón. Estaba haciendo la curaduría de fotografías de mujeres defensoras frente al Consejo de la Judicatura cuando le pidieron un texto que las acompañara. Hizo un poema. En él mencionó a Eusebia compartiéndoles el té de cedrón. Ese detalle —el té, el gesto de cuidado en el lugar de la resistencia— resume algo que Mine pronuncia con una nitidez que el lenguaje de las instituciones no alcanza: en este proceso, el cariño y el trabajo se entrelazan de una manera que es difícil separar. Lo que ella llama “lo maternal” —no en el sentido restringido de la maternidad biológica, sino en el sentido de lo tierno y lo cuidador que pueden tener los seres humanos— atraviesa el proyecto gráfico desde su origen.

Fue ella quien llevó la tórcula viajera. Una prensa de grabado portátil, transportada hasta la Sierra Mazateca en el verano de 2024, para que las mujeres, las y los niños, las abuelas y los ancianos de Eloxochitlán pudieran imprimir sus propios sentires sobre papel y tela. Mine lo describe sin condescendencia:

“Así como agarran la tortilla o las armas para defenderse como autodefensas, pues así agarraron las herramientas del arte y las gubias y el grabado.”

Las mismas manos que trabajan la tierra tomaron las gubias. Mine Ante hace un reconocimiento de una capacidad que ya estaba ahí.

Del taller de gráfica al archivo colectivo de Eloxochitlán

Ejemplares de Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras durante su presentación pública en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca. La publicación reúne grabados, bordados y testimonios que documentan la lucha de las mujeres mazatecas por la defensa de su territorio, su memoria y la libertad de su comunidad.

El resultado fue el archivo Gráfica Íchjín ‘Tsęn —Gráfica de Mujeres con Rabia, en lengua Énná—: grabados sobre linóleo, impresos en papel y en manta, que no representan la lucha desde afuera. Son, en sí mismos, una de sus formas. Cynthia Martínez, que acogió la primera exposición de este archivo en la Casa del Tiempo UAM, lo describe con una imagen que vale más que una definición: cuando esos grabados se presentan en conjunto, ahí está toda la comunidad.

“No es solo una voz que dicta”, dice, “sino todo un grupo de personas que están queriendo regresar a casa.”

La multitud de voces —mujeres adultas, niñas, ancianas y personas desplazadas que grabaron aquello que más extrañaban de su comunidad— construye un argumento visual irrefutable: la persecución caciquil, protegida durante una década por sucesivos gobiernos del estado de Oaxaca, ha intentado borrar su memoria, su territorio y su existencia colectiva.

Del grabado al libro: cómo la memoria colectiva encontró una nueva forma de circular

El bordado transformó la denuncia sin borrar su fuerza

Los grabados impresos en manta fueron bordados. Las comunidades mazatecas bordan sus huipiles con una fidelidad que lleva generaciones de práctica. Durante las esperas —las audiencias, los plantones, los meses de firma quincenal en el juzgado de Huautla— las mujeres bordaron sobre los grabados. Imágenes que contenían el río devastado, los cuerpos ausentes, las casas allanadas se llenaron de color. El bordado no suavizó la denuncia: la transformó. Lo que era rabia se volvió también cuidado. Y esa acción —convertir la denuncia en objeto de afecto sin quitarle el filo— es lo que el Estado no sabe administrar, porque no tiene categoría jurídica para nombrarlo.

Fundación Heinrich Böll y Casa del Tiempo impulsaron la edición H3

Dolores Rojas, de la Fundación Heinrich Böll, describe su primer encuentro con este trabajo a través de la gráfica intervenida con bordado. Había conocido antes la lucha jurídica de las mazatecas a través de la Clínica Jurídica de Derechos Indígenas, donde Argelia Betanzos había llevado el caso. Pero fue el grabado bordado lo que la convocó de otra manera: a entender, a valorar, a sumarse. La fundación que lleva el nombre de un escritor que nunca escatimó esfuerzos para decir su palabra aunque se pusiera en riesgo encontró en este proyecto una síntesis: dos formas de la misma lucha, dos maneras de hacer que la verdad ocupe espacio.

La idea del libro surgió de Cynthia Martínez: ¿por qué no invitar a la Fundación Heinrich Böll a que lo edite? Los libros dan una movilidad que la exposición no tiene. Una muestra dura semanas. El libro llega a otras manos, ocupa espacios distintos, y al constituirse en objeto impreso convierte el esfuerzo colectivo en documento. En algo que está. En algo que no se puede negar sin mentir.

Sistematizar la experiencia para preservar la memoria

Mine Ante lo formula desde el horizonte de la educación popular latinoamericana: lo que este proyecto hace es sistematizar una experiencia. No en el sentido estadístico de meter datos en una base, sino en el de narrar la experiencia propia —aunque sea en colectivo— e ir haciendo una interpretación crítica de ella.

“Es una voluntad de narrar la historia compartida de esta comunidad”, dice, “y sobre todo las mujeres que son el corazón de toda esta lucha, y hacer una digestión de ella, una interpretación crítica para que también sea un acto comunicativo y de amor y de preservación del saber que se ha ido produciendo.”

Durante la presentación, el libro fue entendido como una herramienta política y jurídica

La presentación del libro congregó a integrantes de la comunidad mazateca, artistas, estudiantes, defensoras de derechos humanos y público en general, quienes acompañaron una conversación sobre la memoria colectiva, el arte gráfico y la persistencia de la lucha por la justicia en Eloxochitlán de Flores Magón.

Mine Ante: “Yo creo que lo hace temblar”

Esa noche, la pregunta que Sara Betanzos le hizo a Mine Ante fue directa: ¿cómo dialoga este material con la lucha jurídica que todavía continúa? La respuesta no buscó la diplomacia. Mine Ante dijo

“Yo creo que lo hace temblar”

Y lo desarrolló: cuando el conjunto de voces, de actividades, de manifestaciones diversas —en la calle y en las universidades, con un megáfono y con un grabado, con un posicionamiento y con una nota periodística, y ahora con un libro que integra muchos lenguajes— se hace más visible, genera miedo. Las fuentes de agresión que han tenido las mazatecas, dice Mine, son actores concretos con nombre y apellido que temen que sus mentiras sean desveladas cada vez que la denuncia gana alcance.

Las resoluciones judiciales y los responsables señalados por la comunidad

Los nombres son conocidos. Manuel Zepeda Cortés encabeza desde hace más de una década la extracción ilegal de piedra y arena del Xangá Ndá Ge. Su hija, Elisa Zepeda Lagunas, diputada local plurinominal de MORENA en el Congreso de Oaxaca por segunda ocasión y ex Secretaria de la Mujer del gobierno estatal, es señalada por la comunidad como la principal impulsora de la fabricación de delitos.

El 20 de febrero de 2026, el Tribunal Colegiado en Materia Penal del Décimo Tercer Circuito lo documentó: los testimonios presentados en el caso de Miguel Peralta —los mismos utilizados en todos los casos de Eloxochitlán— eran falsos, contradictorios y fabricados. No son palabras de la comunidad. Son las palabras del tribunal federal.

Quince resoluciones favorables. La extracción del Xangá Ndá Ge continúa. Elisa Zepeda Lagunas sigue siendo diputada y conserva el fuero.

Un libro que también construye comunidad

El afecto como parte de la organización colectiva

Hay algo que Mine Ante dijo esa noche que no se reduce sin perderse: que este vínculo con las mazatecas es para toda la vida, que a lo mejor viene de otras vidas. Que ver a Luisa y ver su sonrisa la emociona. Que el abrazo de Eusebia la abraza como si fuera su abuelita o su mamá. Es esto el afecto concreto, el del cuerpo reconocido en otro cuerpo —la misma operación que convirtió los grabados de denuncia en mantas bordadas.

El arte como punto de encuentro entre distintas luchas sociales H3

Cynthia Martínez lleva esa misma apuesta hacia el afuera: la lucha de las mazatecas convocó a las madres buscadoras, a los Pedregales de Santo Domingo, a artistas grabadores de San Agustín Etla que llegaron esa noche al Instituto porque Mine los invitó, porque una estudiante que trabajaba sobre Palestina vio el cartel y reconoció ese parentesco.

“Es una semilla de transformación”

Dice Cynthia.

“Eso es lo que siento.”

Dolores Rojas cierra desde el horizonte más largo: el arte de las mazatecas puede ser una vía de acercar a personas que no saben por qué la gente se moviliza, que puedan acercarse con genuina curiosidad a escuchar las razones. En ese “quizás” no hay evasión: hay el reconocimiento de que la sensibilización avanza más lento que una resolución judicial, y de que el libro siembra donde el amparo no alcanza.

El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca fue el escenario de una presentación que trascendió lo editorial

El Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca se llenó esa noche con un tipo particular de presencia. No solo la de las personas —aunque esa presencia importa, y las compañeras mazatecas estuvieron ahí con el cuerpo— sino la del libro impreso con su olor y su textura, y la de los grabados bordados que cuentan lo que el expediente 16/2016 eligió no registrar: el armadillo abundante en la Sierra Mazateca, la pañoleta roja símbolo de rebeldía y de identidad mazateca, el Xangá Ndá Ge dibujado por manos que lo conocen desde adentro.

El cuerpo del libro y el cuerpo colectivo

Mine Ante lo dijo al inicio de la noche:

“Tener el libro en físico con su cuerpo, con su olor, con su textura, y nosotras estar ahí acuerpando el libro y acuerpándonos entre nosotras, pues para mí es muy especial.”

Y describió algo que ocurrió en esa sala:

“Hubo como un cuerpo ahí entre todos, se sintió algo como muy acogedor.”

Ese cuerpo colectivo que Mine nombra es también el problema que el Estado no ha podido resolver. No con órdenes de aprehensión —emitidas y anuladas quince veces— no con la extracción del río, no con el fuero que protege a quien impulsó las acusaciones. Catorce personas siguen exiliadas. La Sala del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca tiene sobre la mesa una resolución federal unánime. La Fiscalía General del Estado no se ha pronunciado.

La historia continúa fuera de las páginas

El libro existe. Las mujeres están de pie.

Lo que el Estado haga con eso —o lo que continúe sin hacer— es la pregunta que esta crónica no puede responder por sí sola.

  • Entrevistas: Sara Betanzos. Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca, 25 de junio de 2026.
  • Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras (Fundación Heinrich Böll / Mazatecas por la Libertad, abril de 2026).

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