El río todavía habla

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El despojo en Eloxochitlán: Gráfica, territorio y la defensa del río Xangá Ndá Ge

Por: El Giro de la Rueda | 14 de Septiembre, 2026


Por Kino Balu

En las paredes de La Resistencia cuelgan grabados sujetos con pequeñas pinzas de colores. Hay obra gráfica, grabados, carteles políticos, libros acomodados en exhibidores, bolsos y playeras estampadas suspendidas cerca del techo. En uno de los muros se lee “Grabados por Palestina”. Junto a una máquina para tostar café permanece el cartel de la marcha del 8 de marzo de 2026. Un pizarrón anuncia el nombre del lugar: Café Galería La Resistencia.

Un umbral de esperanza y dignidad. El letrero del Café-Galería La Resistencia, espacio donde la voz mazateca encontró refugio para denunciar el despojo y la impunidad en Eloxochitlán. | Foto: Kino Balu.

El espacio, en la calle de Cuba número 34, en el Centro Histórico de Ciudad de México, es angosto. Las sillas  ocupan buena parte del corredor. Un arco de piedra divide el salón. Al fondo se ha formado la mesa para presentar Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras.

Es 12 de septiembre.

Cuando le entregan el micrófono, la profesora Eusebia no comienza hablando del libro.

“Quiero empezar hablando de nuestro río.”

Habla del Xangá Ndá Ge.

La frase traslada la presentación hacia la Sierra Mazateca de Oaxaca. El libro está allí, entre las personas que llenan el café-galería, pero Eusebia lleva primero la conversación hacia aquello que explica su existencia. Recuerda 2011, cuando comenzaron las afectaciones al río por la entrada de maquinaria; después, 2014: persecución, prisión, desplazamiento y miedo. En su explicación, esos acontecimientos no pertenecen a historias separadas.

“La asamblea, el agua y la montaña”, enumera.

Para Eusebia, tocar una de esas partes significa afectar las demás. Cuando se daña el agua se afecta la montaña. Cuando se afecta la montaña se alcanza a la comunidad. Cuando se intenta romper la comunidad, dice, también se intenta romper su autonomía.

El libro presentado esa tarde parte de esa misma relación.

Una carpeta antes que un libro

Compañeras de lucha exponen cómo la persecución penal y las órdenes de aprehensión intentan sofocar la vida comunitaria. | Foto: Kino Balu.

Gloria Muñoz, periodista y directora de Desinformémonos, regresa durante su intervención a otro momento de esta historia. No recuerda una exposición ni un taller de gráfica. Recuerda una carpeta.

Años atrás, Elena y doña Fili se acercaron a ella cuando las mujeres mantenían un plantón frente a la Judicatura. Todavía eran pocos sus vínculos con colectividades fuera de Eloxochitlán. Doña Fili le entregó un folder.

“Léelo, por favor.”

Dentro había documentos sobre los agravios que la comunidad venía denunciando. Lo que sorprendió a Gloria, contó aquella tarde, fue que no se trataba de papeles acumulados sin orden. Los casos, fechas y hechos estaban organizados.

“Estaban perfectamente sistematizados.”

La escena ayuda a entender el libro que ahora pasa de mano en mano.

Antes de convertirse en grabado, fotografía, bordado y publicación, una parte de esa memoria había sido expediente, denuncia y carpeta transportada hasta un plantón. Había nombres de personas encarceladas, familias perseguidas y una historia que necesitaba salir de Eloxochitlán para ser conocida fuera de la Sierra Mazateca.

Gloria Muñoz recuerda el aislamiento de aquellos primeros años. Las mujeres y quienes comenzaron a acompañarlas fueron haciendo visible la dimensión de los procesos penales y la persecución. Con el tiempo aparecieron relaciones con periodistas, artistas, organizaciones, defensoras y colectivos.

El trayecto entre aquella carpeta y el volumen presentado en La Resistencia no fue sólo editorial. En medio quedaron años de cárcel, movilizaciones en Oaxaca, Ciudad de México y Veracruz, visitas a juzgados, acompañamientos jurídicos y la continuidad de la defensa del Xangá Ndá Ge.

También quedó el aprendizaje de otros lenguajes para contar lo sucedido.

Gloria Muñoz lo resume desde el territorio:

“Conocer el territorio es conocer la lucha.”

Un libro que comenzó fuera de las páginas

Mujeres Mazatecas por la Libertad. Gráfica de una lucha colectiva sin fronteras fue publicado por Heinrich Böll en abril de 2026. Entre las contribuciones reconocidas aparecen el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana, el taller Cobaya de Fuego, la Clínica Jurídica de Pueblos Indígenas, Mazatecas por la Libertad, Sueña Dignidad, Colectiva Malacate y Radio Zapote.

Los grabados y bordados fueron realizados colectivamente dentro del proyecto Gráfica Íchjín t śen: archivo abierto.

Su antecedente está en un taller de linóleo realizado durante 2024 en la Sierra Mazateca. Varias de las participantes no habían trabajado antes con esas herramientas. De las jornadas surgieron más de cien grabados, posteriormente estampados en papel y tela de algodón; el proceso produjo poco más de quinientas impresiones.

Las piezas comenzaron después a circular.

Entre febrero y mayo de 2025, la Casa del Tiempo de la UAM recibió Gráfica Íchjín t śen: archivo abierto. La exposición reunió estampas, bordados, fotografías, video, documentos periodísticos y materiales relacionados con los procesos judiciales. La muestra fue concebida como un archivo susceptible de continuar incorporando registros y de trasladarse a otros espacios.

Durante la presentación, Jenny Zapata, de Heinrich Böll, explicó que la publicación nació precisamente del encuentro con ese trabajo. Ya existían historias, documentos, manifiestos, fotografías y obra gráfica; faltaba reunirlos en un volumen.

Jenny Zapata situó la publicación dentro de una práctica de memoria construida desde las comunidades, desde quienes padecieron agravios y desde quienes han acompañado sus procesos. El propósito no era únicamente conservar información: también producir un registro que pudiera ser utilizado y consultado posteriormente por los propios movimientos.

El contenido del libro mantiene esa composición. Sus capítulos pasan de la autonomía y el territorio de Eloxochitlán al manifiesto de las mujeres; después reconstruyen el proceso de producción gráfica y dedican una sección al Xangá Ndá Ge. Al final aparecen una galería y testimonios.

Testimonio, fotografía, linóleo y memoria comunitaria comparten las mismas páginas.

Lo que queda cuando el Estado te quita todo

Cuando toma el micrófono Ámbar Ruiz, coautora del capítulo dedicado al Xangá Ndá Ge, plantea una pregunta:

Qué queda cuando el Estado te ha quitado todo.

La respuesta que desarrolla no está únicamente en los legajos judiciales. También aparece en la experiencia de quienes llegaron a Eloxochitlán como comunicadores, comunicadoras y terminaron estableciendo una relación prolongada con las familias.

Ámbar Ruiz habla de Radio Zapote y de sus visitas a la Sierra Mazateca. Explica una práctica que dejó de limitarse a mirar desde fuera. En plantones y movilizaciones, acompañar podía significar montar una carpa, mover materiales, ayudar a cocinar o resolver las tareas necesarias para sostener una jornada.

“Ya no podíamos ser solo observadores.”

El capítulo escrito por integrantes de Radio Zapote lleva esa posición al terreno de la comunicación. Ahí se describen como un medio que investiga, contrasta datos y da seguimiento prolongado a los procesos, pero que reconoce abiertamente su cercanía con las personas a quienes acompaña.

Esa forma de participación ayuda a explicar la multiplicidad de firmas y materiales que aparecen en el libro.

Unas personas hicieron fotografías. Otras trabajaron el linóleo. Algunas bordaron. Otras acompañaron procesos judiciales. Hubo quienes escribieron capítulos, conservaron documentos o participaron en movilizaciones.

La maestra Eusebia lo dice de otra forma:

“Este libro nació de muchas manos, de muchas voces.”

El saqueo del río detrás de los expedientes

Mujeres Mazatecas por la Libertad durante la presentación del libro sobre memoria, territorio y defensa del Xangá Ndá Ge.
“Mujeres Mazatecas por la libertad”, un documento histórico y probatorio. El arte gráfico se erige como una trinchera inquebrantable frente a los intentos de la familia Zepeda por borrar la defensa del territorio. | Foto: Kino Balu.

La pregunta que atraviesa la presentación es por qué la defensa de un río terminó también convertida en una historia de procesos penales.

El libro sostiene que desde 2011 integrantes de la comunidad denunciaron la extracción ilegal de piedra y otros materiales del Xangá Ndá Ge. Sus páginas vinculan ese saqueo y el ecocidio denunciado con la persecución de personas defensoras del territorio y con los intentos por debilitar la organización comunitaria.

No se trata solamente de una formulación política. El volumen describe consecuencias concretas de la extracción: desecación de partes del cauce, afectaciones a la flora y desplazamiento de fauna, daños en las laderas y transformaciones del ecosistema.

La dimensión penal llegó después.

El libro registra que entre diciembre de 2014 y 2025 más de cincuenta personas defensoras comunitarias fueron perseguidas o detenidas, entre ellas ocho mujeres; 21 personas pasaron por prisión. También documenta una nueva oleada durante 2025, con 200 órdenes de aprehensión contra 56 personas.

Durante su intervención, Gloria Muñoz rechaza interpretar esa historia simplemente como un pleito entre familias. Desde su lectura del proceso, la criminalización no puede entenderse sin observar la extracción de materiales del río y el poder local que las mujeres han denunciado durante años.

El libro, dice, permite mirar juntas esas dimensiones.

La gráfica no sustituye al expediente. El expediente tampoco explica por sí solo aquello que ocurrió en el territorio.

Gloria Muñoz llama al volumen una historia abierta:

“Todavía no termina de escribirse.”

La frase adquiría un sentido inmediato aquella tarde.noche.

La presentación ocurrió días después de que Mazatecas por la Libertad informara nuevos resultados favorables en los amparos promovidos en Boca del Río, Veracruz. Durante la mesa se habló del resultado como una victoria importante después de años de procesos, encarcelamientos y órdenes de aprehensión.

Gloria Muñoz se detuvo en esa palabra.

No era, dijo, una victoria pequeña.

Pero una resolución favorable tampoco podía convertir doce años de persecución en una historia terminada.

Una libertad que pueda caminar

La maestra Eusebia habla casi al final de la mesa.

Doce años, dice.

Después comienza a nombrar aquello que cabe en esa medida de tiempo: cárcel, persecución, familias separadas, mujeres sosteniendo la palabra, madres esperando y compañeros que tuvieron que abandonar su comunidad.

Luego detiene la enumeración.

“Seguimos aquí. Y eso también es una victoria.”

La frase podría cerrar una historia consabida.

Después de años de procesos judiciales llegaron resoluciones favorables. Después de la cárcel apareció un libro que conserva parte de la memoria. Después del aislamiento inicial, un café de Ciudad de México está lleno de personas escuchando a una mujer de Eloxochitlán.

Pero Eusebia continúa.

“No queremos una libertad que solamente esté escrita en un papel.”

Después explica qué significa libertad para ellas.

Que pueda caminar por las calles. Que pueda entrar a la asamblea. Que alcance la montaña. Que pueda beber el agua del río. Que hijas e hijos conozcan el Xangá Ndá Ge que conocieron quienes les precedieron y puedan reunirse en asamblea sin miedo.

La definición devuelve el expediente a sus consecuencias cotidianas.

Una sentencia puede terminar una acusación. Un amparo puede impedir una detención. Una resolución favorable puede modificar el curso de un proceso. Pero la libertad de la que habla la maestra Eusebia exige también recuperar aquello que años de persecución alteraron: la vida comunitaria, la posibilidad de regresar, la participación en la asamblea y la relación cotidiana con el territorio.

Por eso el río vuelve una y otra vez durante su intervención.

El libro explica Xangá Ndá Ge desde su propio nombre. Uno de sus capítulos relaciona la expresión con recibir “con los brazos abiertos” y describe al río como parte de una relación territorial donde agua, montaña y comunidad no aparecen aisladas. Su cauce proporciona agua, permite el riego y participa de actividades cotidianas como el baño, el lavado y el cultivo de café, maíz, frijol, aguacate, guayaba y huaje. Los textos de éste libro lo definne como un bien común para la población y el ecosistema.

Cuando la maestra Eusebia vuelve a 2011, recuerda que entonces no podían saber todo lo que vendría después.

Sí sabían, dice, que no podían quedarse calladas.

La indignación por lo que estaba ocurriendo con el río las reunió “como pueblo”, “como mujeres” y “como comunidad”. Después llegaron los procesos penales, la prisión, el desplazamiento y los años de búsqueda de justicia.

Doce años después, una parte de esa experiencia está impresa.

En las páginas aparecen grabados, rostros, bordados, fotografías y testimonios. También quienes acompañaron el proceso y quienes ya no están presentes.

Casi al terminar, Eusebia propone una última manera de mirar el volumen:

“Quisiera que lo viéramos como una huella.”

Una huella de quienes estuvieron presos, de quienes tuvieron que salir de Eloxochitlán, de las mujeres que continuaron hablando y de quienes todavía esperan regresar.

En La Resistencia, las personas continúan sentadas entre libros, grabados y carteles. Afuera, la calle de Cuba mantiene el movimiento habitual del Centro Histórico.

A cientos de kilómetros, el Xangá Ndá Ge conserva las marcas de años de extracción de materiales pétreos, un saqueo que Mazatecas por la Libertad ha denunciado como ecocidio.

El libro ya está impreso.

Los expedientes no están cerrados.

Tampoco ha terminado la defensa del río.

Convocatoria gráfica para tejer redes de solidaridad. El arte y la difusión se vuelven herramientas fundamentales para romper el cerco mediático sobre el ecocidio y la persecución a la comunidad

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