Otros Giros · Nuevo micrositio

Eloxochitlán

El río Xangá Ndá Ge, territorio, justicia y poder.

Entrar al micrositio →


Por Kino Balu

La literatura llegó al plantón junto con quienes sostienen sus demandas, sus imágenes y los nombres de las catorce personas desplazadas por defender el territorio. Frente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la presentación de El viento muerde, de Ana Claudia Molinari, tuvo como escenario los petates donde aguardan las siluetas de los desplazados, las mantas y las gráficas que acompañan la exigencia de libertad para los presos políticos de Eloxochitlán de Flores Magón, Oaxaca, y su retorno sin persecución.

Instalado el 17 de septiembre por Mazatecas por la Libertad, el campamento convirtió la calle de Pino Suárez en una ocupación del espacio público frente a las decisiones de la élite política-judicial-caciquil. La permanencia diaria se sostuvo con actividades culturales, formativas y de encuentro: conferencias, mesas de debate, música, lectura de cuentos, funciones de títeres, proyecciones de cine y baile, a la par de talleres de grabado y de elaboración de papalotes palestinos. Entre el intercambio con organizaciones sociales, asambleas y encuentros estudiantiles y colectivos académicos, el espacio mantuvo también su dimensión cotidiana y comunitaria: el café mazateco recién colado y la compartición constante de los alimentos con quienes se acercaron a acompañar la exigencia de justicia.

En las imágenes, el libro comparte espacio con los signos de una lucha que no comenzó con su presentación. Los rostros cubiertos, los retratos sobre el petate, los carteles y las voces reunidas alrededor de una mesa hablan de una comunidad que mantiene visibles sus demandas frente a las instituciones judiciales.

La novela y el plantón no cuentan la misma historia. Su encuentro, sin embargo, permite acercarse a una pregunta que atraviesa ambos: qué sucede cuando la tierra, la memoria y la vida de una comunidad quedan sujetas a decisiones tomadas desde el poder.

La exigencia tiene nombre

Con la presencia la periodista Daliri Oropeza  en la presentación del libro / Alto a la persecución contra Miguel Peralta. Suprema Corte ¡Ampara ya! | Foto: Kino Balu

Esta imagen coloca la demanda de justicia en primer plano, con el acompañamiento de Daliri. La literatura forma parte del encuentro, lejos de la brutalidad del caciquismo en Eloxochitlán. Pero la exigencia de justicia precede a la presentación y continúa después de ella. La literatura puede acercarse a esa lucha, darle espacio y contribuir a que su historia circule; no sustituye los procesos de quienes la sostienen ni resuelve por sí misma sus demandas.

Mientras tanto, transcurren mañaneras presidenciales, donde el Estado de Derecho se invoca con admirable constancia. En Eloxochitlán, en cambio, la justicia parece tener otros datos: los de una comunidad que sigue enfrentando las consecuencias de la violencia y del Estado. Al parecer, entre el discurso y la realidad también hay un México que no cabe en sus conferencias.

La palabra desde el plantón

La estampa de “Elox Libre” se extiende en primer plano mientras transcurre la participación de las mujeres mazatecas por la libertad quienes participan en la presentación. El cartel parece acercarse a quien mira: detrás, voces dignas ocupan el luga | Foto: Kino Balu

La relación entre las personas y el objeto. El cartel que ocupa la parte inferior de la fotografía y las voces dignas aparecen detrás, reunidas en torno a la mesa. El armadillo grabado, las letras y los colores forman parte del mismo espacio que los micrófonos y las mantas.

La presentación no ocurre en un recinto apartado de la lucha que la recibe. Sucede bajo la lona del plantón, entre los signos de una exigencia que permanece abierta. La palabra escrita en el libro se encuentra con las palabras que las mujeres han sostenido públicamente para reclamar justicia y libertad.

En este lugar, la literatura no necesita convertirse en consigna para entrar en diálogo con la experiencia comunitaria. Basta con que se acerque a las preguntas que esa experiencia plantea y reconozca que las mujeres reunidas allí no son personajes de una historia ajena: son dueñas de una lucha con sus propios nombres, decisiones y formas de organización.

La memoria detrás de la mesa

Daliri Oropeza habla junto a Ana Claudia Molinari . Detrás de ambas, los sombreros de paja y las siluetas impresas cubren la pared de petate. Los retratos permanecen en el fondo mientras la conversación transcurre en primer plano | Foto: Kino Balu

La pared reúne sombreros, perfiles y nombres. Cada silueta permanece suspendida detrás de la mesa, como parte del espacio cotidiano del campamento. Delante, Daliri y Ana Claudia conversan y escuchan. Nos permitimos mirarlas juntas en esas dos dimensiones: la palabra que circula durante la presentación y los rostros que acompañan el plantón.

Los perfiles de quienes han sido desplazados permanecen inmóviles, pero no ausentes. Repetidos sobre el petate, convierten la pared en una superficie poblada de rostros y ausencias. La mesa reúne a quienes toman la palabra durante la presentación; detrás, los retratos recuerdan a quienes no están allí. Entre ambos espacios, el encuentro se enlaza con una historia que comenzó mucho antes de esa reunión y que no termina cuando se apaga el micrófono.

La imagen recuerda que un encuentro literario también está hecho de escucha, de pausas y de presencias compartidas. No todo ocurre en el instante en que alguien toma la palabra. A veces, lo que rodea a quienes hablan dice tanto sobre el lugar como sus intervenciones.

Una voz, un rostro

Ana Claudia Molinari, autora de El viento muerde, toma la palabra durante la presentación del libro en el plantón de Mazatecas por la Libertad, frente a la Suprema Corte de Justicia. Detrás de ella, el retrato sobre el petate recuerda a quienes no pueden estar presentes | Foto: Kino Balu

El micrófono acerca la voz de Ana Claudia Molinari, autora de El viento muerde, a quienes participan en la presentación. La pared de petate y el retrato que aparece detrás sitúan el encuentro en un espacio atravesado por la historia de las mujeres mazatecas que exigen justicia y por la ausencia de quienes han sido desplazados.

La literatura entra en el plantón, pero no ocupa el lugar de las personas ni de sus demandas. Ana Claudia Molinari toma la palabra mientras, detrás de ella, otro rostro permanece en silencio. La imagen reúne ambas presencias sin confundirlas: una autora que habla de su libro y una imagen que remite a una historia que sigue abierta.

El 8 de octubre, frente a la sede de la Suprema Corte de Justicia, la presentación de El viento muerde transcurre en un espacio de exigencia política. El libro forma parte del encuentro; la lucha de Mazatecas por la Libertad no comienza con su presentación ni termina cuando se apaga el micrófono.

El territorio sobre la pared de petate y rostros

Daliri Oropeza aparece de perfil, detrás de ella la pared de petate del plantón de Mazatecas por la Libertad.

Daliri Oropeza tomo la palabra desde la mesa. Su presencia sostiene el hilo de la conversación. El cambio de encuadre modifica la distancia, pero no el vínculo entre quienes hablan y el espacio que las contiene.

Ella, la pared de petate y los retratos forman parte de una misma escena. Ninguno explica por sí solo el sentido del plantón; ellas y los objetos permiten reconocer cómo la lucha comunitaria se hace visible a través de las presencias que acompañan la reunión y mantienen vivas sus demandas.

La presentación de El Viento Muerde puso en contacto una obra literaria con las mujeres que sostienen el plantón de las Mazatecas por la Libertad. La novela no devuelve a las personas desplazadas a sus hogares ni pone fin a los procesos judiciales. La fotografía tampoco puede hacerlo. Pero ambas pueden abrir un espacio para mirar, escuchar y acercarse a una historia que exige atención más allá de los muros de los tribunales.

Afuera, la ciudad continúa su marcha. Bajo la lona, los retratos permanecen sobre el petate y la voz de Ana Claudia y Daliri se suman a la exigencia colectiva:

La palabra cobija cuando acompaña sin apropiarse de la historia de otras personas; cuando escucha, nombra y mantiene abierta la pregunta por la justicia, tan ausente por ahora.

SUSCRÍBETE. INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO Y RECIBIR TODAS LAS ACTUALIZACIONES

El Giro de la Rueda Widget Módulo Podcast – El Giro de la Rueda
PODCAST

El Giro de la Rueda

Escucha las historias completas, narradas desde los territorios en conflicto y resistencia.

Escuchar ahora