El matorral xerófilo como territorio en disputa

Por El Giro de la Rueda, con colaboración de Illiria Ninelth, corresponsal desde los Territorios de Radio Huaya, La Voz Campesina / San Miguel Tornacuxtla, Hgo.

En San Miguel Tornacuxtla, municipio de San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo, donde el gobierno estatal clasifica el matorral xerófilo como terreno estéril e improductivo, siete personas —seis de ellas mujeres— sostienen desde hace una década una cooperativa dedicada a la soberanía alimentaria y la economía solidaria. Se llama Pacha Verde, y acaba de cumplir diez años de trabajo colectivo entre magueyes, nopales, mezquites y huizaches. Illiria Ninelth las visitó durante el festejo.

El aniversario se celebró dentro del segundo festival de la biodiversidad y la cultura, organizado por la propia cooperativa junto con Ecoydes, A.C., una asociación civil de especialistas en biodiversidad y medio ambiente con sede en Pachuca. El festival se llevó a cabo los días 24 y 25 de abril: el viernes 24 en la comunidad de Puerto México, con actividades dirigidas a escuelas; el sábado 25 en San Miguel Tornacuxtla, abierto a público general. Talleres sobre mamíferos, insectos polinizadores, elaboración de compostas y plantas como el garambullo formaron parte de la programación.

La primera edición, el año anterior, se realizó únicamente en Tornacuxtla. Esta segunda amplió su alcance a otras comunidades con una parte itinerante que busca replicar las actividades en más localidades. “Al final creo que se rebasó las expectativas que teníamos”, dice Adriana Gutiérrez, fundadora de la cooperativa.

“La gente que llegó nos dimos cuenta de que es gente de fuera, tanto una poca de la comunidad, pero al final lo que se pretendía hacer y lo que se quiere lograr con estos objetivos se están logrando.”

Autogestión y economía solidaria en Pacha Verde

Foto: Illiria Ninelth

Pacha Verde opera en el Valle del Mezquital, territorio de matorral xerófilo: un ecosistema árido donde crecen uña de gato, cactáceas diversas y especies que sostienen redes de polinizadores, insectos y mamíferos. Yoana Percastegui, cofundadora de la cooperativa e hija de Adriana Gutiérrez, lo pone en sus términos:

“El matorral xerófilo guarda una gran cantidad de vida y de acuerdo a sus características, de ahí pues obtenemos todos nuestros alimentos. Todo lo que las características que tiene el matorral es nuestra forma de vida en este espacio, en este territorio.”

Esa forma de vida se traduce en productos concretos. La cooperativa elabora mermeladas, salsas, néctar, harina y galletas a partir del nopal y la tuna. También produce barras energéticas, dulces como chamoy de nopal y miel. El nopal y la tuna se venden frescos como verdura. La apuesta es clara: no traer semillas foráneas al territorio, sino extraer productividad de lo que el matorral ya contiene. Contrasta con iniciativas federales como “Sembrando Vida”, que introducen especies ajenas al ecosistema. Para Pacha Verde, la autosuficiencia pasa por reconocer qué vive aquí y trabajar con eso.

Esa decisión responde a una realidad material. Varias comunidades de la región intentaron cultivar milpa —la combinación tradicional de maíz, calabaza y frijol— pero el agua escasea tanto que los cultivos fracasaban. Sin riego suficiente, la milpa no prospera. La comunidad enfrentó entonces una disyuntiva: esperar a que programas federales resolvieran la crisis hídrica, o trabajar con lo que el territorio ofrecía. Eligieron lo segundo. Por eso el nopal, que resiste la aridez. Por eso cada producto que saca Pacha Verde es un acto de supervivencia transformado en economía.

Desmonte, urbanización y pérdida de territorio

Foto: Illiria Ninelth

Ese territorio enfrenta un desmonte acelerado. Yoana señala que muchas personas que antes se dedicaban a la agricultura han vendido sus terrenos —”muchas veces mal pagados”, comenta— para la construcción de fraccionamientos habitacionales y tiendas de supermercados en la periferia de las comunidades. Proyectos que, dice, “no tienen que ver para nada ni con la soberanía alimentaria de las comunidades, ni con el cuidado del ecosistema ni con el fortalecimiento de la biodiversidad.”

Contra esa presión trabaja el festival: dar a conocer lo que existe en el matorral para generar estrategias colectivas de cuidado. “Si no conocemos lo que tenemos, pues no podemos cuidarlo”, resume Yoana Percastegui. Por eso el festival apunta sobre todo a niñas y niños: “Si fomentamos y hacemos comunicación con los niños y las niñas, podremos fortalecer también más este vínculo con nuestro ecosistema.”

Adriana y Jesús fundaron la cooperativa junto con las hijas de Adriana,  Yoana y Brenda,  Con el tiempo se sumaron las hermanas de Jesús, Ana y Berta, así como Blanca. Adriana Gutiérrez, la mayor de seis hermanas en una familia campesina, cuenta que no hubo un diseño previo para que el proyecto fuera mayoritariamente de mujeres:

“Al final ha fluido a partir de mujeres. Si lo hubiéramos pensado y planeado de esa manera ni siquiera estaríamos así.”

Adriana Gutiérrez no elude la dificultad que implica sostenerse fuera del empleo asalariado. “No es sencillo querer pasar de tener un patrón a generar un autoempleo”, reconoce.

“El poder ser autogestivo implica como el construir también esa realidad, que es una realidad distinta a la que normalmente nos presentan.”

Foto: Illiria Ninelth

Para Pacha Verde, la autogestión no es solo una palabra de moda: es transformar plantas endémicas en productos —mermeladas, salsas, harina, barras energéticas— y sostener con eso la vida familiar y colectiva. Es una economía solidaria donde no hay patrón que ordene, sino decisiones tomadas en conjunto sobre qué producir, cómo venderlo, cómo re-invertir lo ganado.

Diez años de cooperativa significan también diez años de retos con la autonomía y lo colectivo. “Implica mucho compromiso y mucha toma de conciencia de cómo hacemos las actividades cada día”, dice Adriana.

“Cómo construimos relaciones con el otro, con la otra, con nuestro entorno, con la naturaleza.”

Yoana cierra con una invitación concreta: que otras comunidades repliquen iniciativas similares según las necesidades de cada territorio.

“No necesariamente lo tenemos que llevar a cabo nosotras como única organización. Todas y todos tenemos la habilidad, los conocimientos y, sobre todo, si hay voluntad, se pueden hacer o replicar este tipo de iniciativas en otros espacios.”

Mientras los fraccionamientos avanzan sobre la periferia de San Miguel Tornacuxtla, Pacha Verde cumple una década produciendo alimentos y nombrando cada especie del matorral que el Estado insiste en llamar estéril. Los terrenos siguen vendiéndose. El desmonte no se ha detenido.


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