Detrás de la Tormenta:

Detrás de la Tormenta:

Crónica del pensamiento zapatista en el umbral del colapso




Las Guerras Silenciosas: La voz del Capitán Marcos en Chiapas El Giro de la Rueda


El cuarto lleno

Por Kino Balu

«La Tormenta dentro y fuera», realizado en las instalaciones del CIDECI-Unitierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Abril de 2026. Foto: Radio Zapatista.

Existe una línea de fuego en esos cuartos llenos que el poder nunca termina de comprender. En 1906, los editores de Regeneración abarrotaban espacios con palabras que el gobierno de Porfirio Díaz intentó silenciar con cárcel, destierro y bala. Casi ciento veinte años después, esa misma persistencia ocupó el Centro de Innovación e Investigación de Desarrollo Educativo y Capacitación e Integración Social —CIDECI-Unitierra— en San Cristóbal de las Casas, Chiapas.

Entre el 2 y el 4 de abril de 2026, el recinto recibió a 540 personas de diversas geografías del mundo que llegaron para escuchar lo que el silencio oficial intenta ocultar. Simultáneamente, 325 poblados zapatistas se conectaron al semillero “La Tormenta dentro y fuera según las comunidades y pueblos zapatistas”. Esta fue la primera estación de las Jornadas de Pensamiento Crítico “ResignARTE u OrganizARTE” 2026, convocadas por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional para encarar el colapso mediante la organización común.

No era una conferencia académica ni un foro de organizaciones no gubernamentales. Era, en la tradición más vieja de la política desde abajo, una asamblea: gente reunida para nombrar lo que ocurre y pensar qué hacer con ello. El formato es sencillo y obstinado. Hablan los que saben porque lo viven. Escuchan los que llegaron a aprender.

Quienes tomaron la palabra fueron el Subcomandante Insurgente Moisés y el Capitán Marcos. El segundo nombre detiene a quienes siguen la historia del movimiento: Capitán Marcos es el mismo hombre que el mundo conoció el 1 de enero de 1994 tras un pasamontañas y una pipa encendida, cuando el EZLN tomó varias cabeceras municipales de Chiapas para protestar contra la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la marginación histórica de los pueblos indígenas. Fue entonces Subcomandante —título deliberadamente subordinado, que indicaba que su autoridad era menor a la de las comunidades indígenas que lo mandaban— y luego, en 2014, anunció que dejaba de existir para que viviera el nombre de Galeano, un compañero asesinado. En 2023, con el EZLN reorganizando sus estructuras autónomas frente a la creciente violencia en Chiapas, reapareció con el grado de Capitán. El rango desciende. El perfil se achica. La dirección colectiva avanza.

En 1995, el gobierno mexicano identificó al hombre detrás del pasamontañas como Rafael Sebastián Guillén Vicente, exprofesor universitario de la UAM. El EZLN nunca lo negó ni lo confirmó como relevante: “Marcos es todos los explotados del mundo”, respondieron. La pregunta sobre la identidad individual se disolvía en una afirmación colectiva. Ese gesto —vaciar el nombre propio para llenarlo de otro contenido— tiene una lógica política que cierta tradición libertaria reconocería sin necesidad de explicación.

La tormenta: lo que el sistema llama “efectos”

El término que estructura las Jornadas —”la tormenta”— no es un adorno retórico en el vocabulario zapatista. Es una categoría analítica construida desde la observación directa del territorio. El Subcomandante Moisés la desarrolló a partir de evidencia concreta, biológica y ambiental, registrada en las comunidades.

Crisis hídrica y alteración de ciclos naturales

En los territorios zapatistas, el río Jaté aparece en los reportes comunitarios como contaminado y con niveles de agua que no se recuperan tras años de descenso sostenido. Los arroyos y manantiales se secan. Los árboles no fructifican en los tiempos conocidos: los ciclos de floración y cosecha, calibrados durante generaciones, ya no corresponden a lo que ocurre. En terrenos donde antes crecía únicamente zacate, aparecen árboles sin intervención humana aparente. Pelícanos se desplazan hacia las montañas; boas aparecen en zonas pobladas. Una plaga de gusanos instalada en las copas de los árboles produce, al caer sus desechos, un sonido que los habitantes describen como lluvia.

Estos no son datos de un informe de organismos internacionales. Son observaciones de personas que viven en el mismo lugar desde hace generaciones y que, por eso, registran la diferencia con precisión que ningún satélite reemplaza.

Tecnología como instrumento de clase

El análisis zapatista de la tecnología rechaza la neutralidad que los discursos dominantes le atribuyen. El Subcomandante Moisés señaló que los avances médicos contemporáneos —cirugías mínimamente invasivas, diagnóstico por imagen— son materialmente inaccesibles para los pueblos originarios debido a la ausencia de recursos económicos. La tecnología existe; su distribución obedece a la lógica de la ganancia, no del servicio.

Como ejemplo de la irracionalidad del sistema, el análisis señaló el uso de tres litros de agua por descarga en inodoros convencionales, mientras comunidades enteras enfrentan escasez hídrica. Frente a esto, el zapatismo ha desarrollado alternativas concretas como la letrina seca, orientada a proteger los cuerpos de agua.

La bestia sin corazón

El EZLN descarta la posibilidad de “humanizar” el capitalismo. La frase que circuló en el semillero fue directa: “la bestia no tiene corazón”. Su lógica es puramente extractiva. No hay reforma posible de una estructura cuyo funcionamiento correcto requiere el despojo. Esto no es una postura novedosa en la historia del pensamiento radical —Ricardo Flores Magón lo escribió con otras palabras en las páginas de Regeneración hace más de un siglo—, pero adquiere en boca zapatista el peso específico de quien lo enuncia desde adentro del despojo, no desde la teoría.

El Estado: un cadáver que aún firma decretos

Miliciana del EZLN durante el resguardo y organización del semillero «La Tormenta dentro y fuera», en las instalaciones del CIDECI-Unitierra, San Cristóbal de las Casas. Abril de 2026. Foto: Radio Zapatista.

El Capitán Marcos abordó en el semillero la decadencia funcional del Estado-nación. El argumento no es ideológico sino es descriptivo. El Estado ha perdido los monopolios que lo definían como tal.

Los monopolios perdidos

El primero es el de la violencia. El Estado ya no es el único actor con capacidad de ejercer fuerza sobre el territorio: “generadores de violencia” —denominación que el movimiento usa para referirse al crimen organizado y sus variantes— disputan ese monopolio palmo a palmo. El segundo es el económico: la moneda nacional es descrita como una “broma” subordinada al dólar, y el mercado interno ha sido colonizado por transnacionales que operan con mayor poder que muchos ministerios. El tercero es el de la justicia: el sistema jurídico es ignorado por sus propios operadores —jueces y abogados— cuando les conviene. El cuarto ha mutado de función: el control migratorio, que era una competencia administrativa del Estado, es hoy un negocio de extorsión disputado entre el Instituto Nacional de Migración y los cárteles.

Lo que queda del Estado, argumentó Marcos, no es un gobierno en el sentido clásico. Es un gestor del capital: una estructura que administra la catástrofe para que el ciclo de extracción no se interrumpa. El capataz que cuida la hacienda ya no es el dueño; solo mantiene el orden para que los dueños —corporaciones, flujos financieros globales— puedan seguir operando.

Género y simulación: el guion que no cambia

El análisis zapatista no se detiene en la identidad de los administradores. El semillero cuestionó directamente la efectividad de la paridad de género en el gobierno cuando los métodos de administración permanecen intactos. Se citaron como ejemplos la italiana Giorgia Meloni y la gobernadora del estado de Campeche, Layda Sansores: mujeres en posiciones de poder que, al administrar la misma maquinaria, ejecutan el mismo guion. Ese guion incluye simular que no hay desaparecidas, asesinadas ni violencia contra las mujeres —documentada en expedientes, en nombres, en cifras que el propio Estado produce y luego archiva.

La crítica no niega la importancia de la representación. Afirma algo más incómodo: que la representación sin transformación de la maquinaria es decorado. Que una mujer puede mandar con la misma lógica de despojo que un hombre, cuando el sistema que la contiene no ha cambiado. Como antes preguntaban los magonistas si valía la pena cambiar al gobernante sin cambiar las condiciones que lo producen, el semillero zapatista formula la misma pregunta con treinta años de datos encima.

La guerra silenciosa contra la tierra común

La contrainsurgencia contemporánea no llega siempre uniformada. El Subcomandante Moisés documentó en el semillero cómo los programas sociales del gobierno federal operan como mecanismos de fragmentación de la vida comunitaria, con efectos territoriales precisos y medibles.

Sembrando Vida: la parcelación como arma

El programa federal Sembrando Vida, presentado como apoyo agrícola, ha incentivado en los territorios donde opera el tránsito de la propiedad comunal a parcelas individuales. El Subcomandante Moisés describió el proceso con datos concretos: extensiones de tierra que operaban como propiedad colectiva de veinte hectáreas han sido fragmentadas en parcelas de 2.5 hectáreas por familia. La tierra individual puede ser empeñada o vendida ante deudas o migración. La tierra común, no. Esa diferencia es la bisagra sobre la que pivota el despojo legalizado.

La fragmentación tiene además un efecto social documentado en las comunidades: la división familiar y el debilitamiento del tejido colectivo. Cuando la tierra deja de ser de todos, la asamblea pierde su razón más material de existir.

Jóvenes Construyendo el Futuro: becas a cambio de plusvalía

El programa Jóvenes Construyendo el Futuro fue caracterizado en el semillero como un mecanismo de extracción encubierta. La beca mensual de 3,000 pesos es presentada como apoyo al joven trabajador. Sin embargo, el producto final de la cosecha debe entregarse al gobierno. El análisis zapatista lo nombra así: una limosna que extrae plusvalía del trabajo del joven. La tierra se trabaja; la ganancia no queda en la comunidad.

Corrupción en comisariados y prospección minera

El semillero reportó casos en que funcionarios gubernamentales negocian directamente con autoridades locales —los comisariados ejidales— sin informar a la asamblea del pueblo. Los ejemplos incluyen la instalación de cámaras de vigilancia en zonas montañosas y la autorización de prospecciones mineras, entre ellas la búsqueda de uranio en territorios de la región. La asamblea, instancia máxima de decisión en la organización comunitaria, es omitida. El comisariado individual firma lo que la asamblea no autorizó. Esa firma es el punto de entrada del despojo.

El común: construir la isla

Frente a este panorama, el zapatismo no presenta una demanda al Estado ni una propuesta de reforma. Presenta una práctica en curso. La llaman “el común” o “gobierno común”.

Del nombramiento jerárquico a la voluntad colectiva

El cambio más significativo en el semillero es el desmantelamiento de la pirámide organizativa interna del EZLN. Anteriormente, los cargos —en educación, salud, comunicación, justicia— eran designados por la autoridad del movimiento. El nuevo modelo busca que sean los jóvenes quienes se presenten como voluntarios basados en su inclinación o capacidad específica. El cargo no se impone; se asume. La diferencia no es sutil: reorganiza la relación entre el individuo y la colectividad sin intermediación jerárquica.

Esta transición tiene un antecedente en la propia historia del movimiento: el título de Subcomandante fue en sí mismo un gesto de subordinación deliberada al mandato colectivo indígena. El paso al “común” profundiza esa lógica hasta sus consecuencias organizativas.

Diversificación del trabajo: salud, educación, justicia

En el área de salud, el semillero reportó la formación de especialidades que incluyen laboratoristas, técnicos en ultrasonido y cirujanos en práctica. Junto a estos perfiles formados en medicina convencional, el sistema zapatista integra los conocimientos de parteras, hueseras y herbolarias como saberes válidos y complementarios, no subalternos. En educación y justicia opera una lógica equivalente: el conocimiento comunitario y el conocimiento técnico-formal conviven sin jerarquía entre ellos.

La resistencia al reclutamiento por parte del crimen organizado y a la drogadicción entre jóvenes fue presentada en el semillero como una consecuencia directa de esta organización: cuando hay pertenencia colectiva, hay un lugar al que regresar que no es la banda.

Alianzas más allá del zapatismo

Uno de los datos más significativos del semillero es el acercamiento entre el EZLN y comunidades vecinas no zapatistas para la defensa territorial conjunta. El punto de encuentro no es la ideología compartida, sino la amenaza compartida: megaproyectos —presas, carreteras para extracción de uranio—, avance del crimen organizado y pérdida de autonomía territorial. La premisa que articula estas alianzas fue enunciada en el semillero con claridad: la destrucción del territorio afecta a todos por igual, independientemente de su filiación política.

Hay en esta práctica algo que los federalistas libertarios llamarían pacto de federación desde abajo: acuerdos horizontales entre comunidades que preservan su autonomía mientras construyen defensa común. No es una fusión. Es una alianza de iguales ante un enemigo que los trata a todos como el mismo obstáculo.

La agenda como acto de fe organizada

El EZLN ha trazado una ruta de trabajo para 2026-2027 que sitúa la permanencia en el territorio como su principal respuesta. Las jornadas iniciadas del 2 al 4 de abril en el CIDECI marcan el comienzo de este ciclo. En agosto de 2026, la actividad continuará con el Encuentro de todas las Artes “ResignARTE u OrganizARTE” y el primer Encuentro Mundial de Resistencias y Rebeldías, bajo la consigna “Organizarte o Resignarte”. El calendario se extiende hasta el invierno, entre diciembre de 2026 y enero de 2027, con la segunda etapa del Encuentro Mundial de Resistencias y Rebeldías

El título que cruza las Jornadas funciona como pregunta y como diagnóstico simultáneamente: resignarse u organizarse. No hay tercera opción en el vocabulario zapatista. La resignación individualista es el producto que el sistema distribuye con mayor eficiencia. La organización colectiva es, en esa lectura, el único acto de rebeldía que el sistema no puede cooptar, porque no le pide nada.

El Capitán Marcos en una de sus intervenciones da una afirmación que desborda el contexto inmediato: “el amor más grande… nace de las grandes diferencias, no de las similitudes”. No es un cierre sentimental. Es una declaración política sobre la base del acuerdo posible: no la uniformidad ideológica, sino el reconocimiento de que la diferencia no impide el pacto. Que las distintas formas de vivir pueden construir defensa común sin borrarse entre sí.

Quizás ahí reside lo que más incomoda al poder de cualquier signo: no la radicalidad del discurso, sino la persistencia de la práctica. Treinta y dos años después del 1 de enero de 1994, el movimiento no ha pedido permiso para existir ni ha esperado que el Estado lo reconozca para operar. Ha construido hospitales, escuelas, sistemas de justicia y ahora estructuras de gobierno común. Ha enterrado a sus muertos y formado a sus jóvenes. Ha cambiado de nombre a sus figuras para que ninguna figura se vuelva indispensable.

En 1910, bajo una persecución coordinada entre el régimen de Porfirio Díaz y las autoridades estadounidenses, Ricardo Flores Magón permanecía recluido en Arizona mientras el movimiento magonista sostenía la publicación de Regeneración desde el exilio. Fue precisamente durante esta etapa (1910-1911) cuando el periódico adoptó el emblemático lema “Tierra y Libertad“, una consigna de corte anarcocomunista que meses más tarde influiría profundamente en el programa agrario del zapatismo original en el sur de México.

La pregunta que animaba cada número de Regeneración era la misma que el semillero del CIDECI reformuló en abril de 2026: si el sistema no puede ser humanizado, ¿qué se construye mientras colapsa? La respuesta magonista fue la acción directa y la federación libre. La respuesta zapatista lleva nombre propio: el común.

Son respuestas distintas a la misma pregunta. Y la pregunta sigue siendo la misma.


Anexo: Radio Zapatista

La crónica del semillero en el CIDECI detalla la postura del EZLN frente a la crisis del Estado-nación y el avance del capitalismo global. A través de las intervenciones del Capitán Insurgente Marcos y el Subcomandante Moisés, se analiza la “guerra silenciosa” contra los procesos comunitarios y se califica a los programas gubernamentales actuales como herramientas de fragmentación territorial y contrainsurgencia.

El contenido multimedia del portal incluye archivos de audio descargables con las ponencias íntegras sobre soberanía, política agraria y educación autónoma. Asimismo, cuenta con una galería de 17 fotografías que documentan la logística y la participación de los pueblos originarios en el encuentro. Más información en: Radio Zapatista

El magonismo, ese movimiento indómito surgido antes de 1910, encarnó la búsqueda apasionada de una transformación social y económica radical guiada por la ética anarquista. Aunque la muerte de Ricardo Flores Magón en 1922 marcó el fin de su primera fase histórica, su pensamiento persistió, inspirando desde movimientos campesinos hasta el zapatismo contemporáneo. Entre conmemoraciones, alianzas y participación en luchas sociales, la vigencia del magonismo se hace patente como opción de resistencia que nos convoca a reconstruir la dignidad desde abajo.
Suscríbete. Ingresa tu correo electrónico y recibir todas las actualizaciones.

← Back

Your message has been sent


Zapatistas 2026: el semillero del común | El Giro de la Rueda